14.7.10

Gino Germani - Democracia y Autoritarismo

Democracia y autoritarismo en la sociedad moderna

Introducción

En este ensayo se consideran algunos de los problemas que debe enfrentar la democracia en las sociedades modernas. Es posible que los países en desarrollo tengan mejor oportunidad de hallar soluciones originales a las graves contradicciones que encierra la sociedad industrial. La sociedad moderna, que ha ofrecido el marco necesario para desarrollar las formas democráticas hasta sus últimas consecuencias lógicas, encierra también, ciertas tensiones que llevan a la supresión de la democracia misma, a menos que se puedan intentar nuevos caminos, que por ahora son utópicos.

Modernización, desarrollo y regímenes políticos

El desarrollo económico y social y la modernización han sido relacionados con la democracia y la extensión de los derechos políticos. Cierto grado de modernización representa una condición básica de la democracia y el pluralismo. La supervivencia del mercado como mecanismo económico autorregulado es un elemento esencial para el funcionamiento de la democracia. Otras características de la sociedad moderna tienden a poner en peligro a la democracia: la creciente democratización que conduce a la masificación, el pluralismo que conduce a la destrucción de todos los sistemas de valores, la ruptura del consenso y la desintegración del orden social podría resultar en el fracaso de la democracia y conducir al totalitarismo.

Otra manera de relacionar negativamente democracia y modernización es la de considerar al autoritarismo como uno de los caminos para promover la transformación. Por fin, muchos eruditos negaron la hipótesis del autoritarismo moderno como modo intencionado de acelerar la modernización ya que, en los regímenes de derecha, la solución autoritaria fue considerada como una tentativa deliberada de rechazar la modernización. Hay que distinguir varios aspectos en el proceso de desarrollo y modernización:

-Secularización e integración en la sociedad moderna

Si bien la democracia moderna halla su base teórica y práctica en la modernización y el desarrollo económico, encierra contradicciones que pueden en algunos casos impedir el surgimiento de regímenes democráticos.

La sociedad moderna tiende a eliminar completamente todo carácter “sagrado”. Existen ciertos grados de secularización que son bastante comunes en todas las civilizaciones. Un rasgo común en la “secularización” de las grandes civilizaciones es el hecho de que permanece limitada a miembros de la elite. Las innovaciones tienden a evitar la ruptura completa con el pasado tradicional e intentan parecer una continuación de creencias institucionalizadas. Siempre hay un núcleo central de valores y normas que permanece en teoría y en práctica más allá de las dudas y negociaciones.

La noción de secularización que utilizamos abarca tres rasgos principales. La acción electiva, la legitimación de cambio y la creciente especialización de roles. La acción electiva se distingue de la acción prescriptiva ya que la primera presenta criterios de elección u opción y no modelos de conducta atribuidos de modo rígido a cada situación. Los criterios de elección pueden ser racionales o emocionales. Los principios sintetizados aquí podrían crear propensiones para soluciones autoritarias bajo ciertas condiciones.

Las características de la secularización son el resultado de la confluencia en cierto punto en tiempo y espacio, de una serie de procesos distinguibles y a veces concreta o históricamente identificables. La transición desde la llamada comunidad primitiva a la llamada civilización supone la existencia de componentes que tienen mucha relación con el tipo de secularización que puede ocurrir en el curso del proceso evolutivo. El primero es la forma de disolución de la propiedad comunitaria. Se entiende que el hombre “se individualiza solamente a través del proceso histórico y originalmente aparece como un ser genérico”. El segundo componente es la individualización. Con este termino se entiende la emergencia de la subjetividad de la conciencia del “si mismo” y del “yo” como sujeto diferenciado de la naturaleza. En el proceso de individuación la realidad “externa” es vista como algo conocible y manipulable a través del conocimiento racional instrumental. Esto es opuesto al “conocer” basado en la intuición y en otras formas más consideradas como religiosas e irracionales. Esta individuación llegó al punto de las teorías contractualistas, en virtud de un contrato o pacto social entre individuos autónomos, un acuerdo sobre los principios fundamentales capaz de asegurar la convivencia. En la sociedad moderna la elección individual y deliberada es elevada a valor central y máxima.

El rasgo más relevante de este análisis es que el componente prescriptivo de la acción electiva puede convertirse en objeto de elección, puede ser cambiado. El marco normativo proporciona los criterios según los cuales es preciso realizar las elecciones. Cuando el marco normativo mismo llega a ser un objeto de deliberación y elección, es ese núcleo común que se pone en duda directa o indirectamente. Este proceso implica el tercer rasgo que define la secularización, la creciente diferenciación de instituciones. La especialización aumenta el problema de la integración del sistema social global.

Se podría sugerir para el desarrollo de la modernidad que la secularización se limitase a algunas áreas del comportamiento, como el conocimiento científico y la economía, mientras que la política podría mantenerse dentro de la forma prescriptiva de integración. Sin embargo, la forma moderna de la secularización, por su propia naturaleza, tiende a extenderse a toda la sociedad. Por otro lado, ninguna sociedad puede prescindir de cierto núcleo central “prescriptivo” para asegurar la base suficiente para la integración: un núcleo de valores y normas en que se arraigan los criterios para las elecciones y que regulan el cambio sin rupturas catastróficas.

La sociedad moderna está caracterizada por una tensión intrínseca a su forma particular de integración. Esta tensión es consecuencia de la contradicción entre el carácter expansivo de la secularización y la necesidad de mantener un control universalmente aceptado. En las sociedades, al desaparecer los principios religiosos, la nación, los valores y símbolos correspondientes llegaron a constituir un componente esencial del núcleo prescriptivo inmodificable. Es pertinente notar que la “nación” es algo que no tiene que ver con elección individual. Un fenómeno característico de la hora actual es el resurgimiento de grupos étnicos prerrenacentistas, un nuevo regionalismo que puede ser otro síntoma de la búsqueda de raíces.

-El totalitarismo como forma típica del autoritarismo moderno

La idea de secularización nos permite distinguir entre el autoritarismo tradicional y el moderno. El autoritarismo esta implícito en la cultura y no es mirado como tal por los sujetos, para quienes los modelos de comportamiento que siguen sus acciones queda más allá de cualquier duda o discusión posible. Este tipo de autoritarismo fundado en normas y valores socioculturales internalizados “espontáneamente” dentro de un marco prescriptivo es el que denominamos tradicional. Donde la acción electiva predomina, y el criterio de actuar según su propia determinación individual es válido, cualquier acción que tienda a obstaculizar la voluntad individual es vivida como una imposición y se considerara como una expresión de autoritarismo. En la situación prescriptiva, el control social tiene lugar “naturalmente” por medio de modelos de conducta internalizados. En la situación electiva el control interno se limita a los criterios de opción. Lo que antes ocurría “naturalmente” llega a ser dejado en el pasado. En esta situación se puede hablar de autoritarismo moderno, cuya forma “pura” es el totalitarismo.

En los países con un amplio sector de la población en situación escasamente secularizada, la crisis de la democracia toma a menudo forma de autoritarismo tradicional. Lo que es necesario en el autoritarismo moderno es el hecho de que el fin de la socialización planeada sea la transformación de toda la población en participantes activos e ideológicamente militantes. En la sociedad moderna, la secularización y la acción electiva tienen una fuerte tendencia a extenderse en la política. El proceso de creciente individualización tiene una tendencia a extenderse a todas las áreas de conducta. La historia de la extensión progresiva de los derechos contribuyó al aumento de la participación política. El individuo en la sociedad moderna tiene que tener opiniones basadas en decisiones propias y racionales, mientras que el “súbdito” de la sociedad moderna tiene creencias, basadas en la “fe”.

Aquí hallamos uno de los aspectos más paradójicos del sistema totalitario. El autoritarismo moderno en su forma “pura” no tiende a reducir a los individuos a sujetos pasivos, sino la politización según cierta ideología específica. Hay una elección pero está abiertamente manipulada. En algunos países, la forma política debía ser totalitaria en algunos casos, y eso necesitó la adoctrinación de las clases populares y su activación según una ideología diferente. Se puede hablar de “fascismo”, en sentido estricto de la palabra, cualquier a sea la forma política en que la desmovilización de las clases populares resulta ser el mejor medio de lograr los fines básicos. En el caso del comunismo se movilizó a las grandes masas populares, pero las elites que las dirigieron utilizaron prácticas opuestas a las del fascismo.

-Las consecuencias de la secularización en las instituciones, las actitudes, la conducta, el control social y la estabilidad del orden social

Hay ciertos límites en las teorías fundadas en la sociedad de masa. Cuando las hipótesis están acompañadas por una negación total del papel de las clases, su valor explicativo queda considerablemente disminuido.

A menudo el efecto de la sociedad de masa no es considerada directamente relacionada con las tensiones estructurales creadas por la dinámica de la secularización moderna. El carácter de esos conflictos se halla determinado por las tensiones inmediatas a las cuales está expuesto el orden social y político actual, y por las situaciones sociales y culturales específicas de cada nación. Esto se debería explicar en términos de los caracteres peculiares del país y de las condiciones internas y externas bajo las cuales se dieron las primeras etapas de la transición. El conflicto de clase constituye tan solo uno de los muchos conflictos al cual una sociedad moderna se expone a causa de la peculiaridad de su forma de integración y de sus necesidades estructurales mutuamente contradictorias. La democratización fundamental se relaciona a una alta individuación y a la electividad de acción, es decir los dos aspectos centrales de la secularización moderna. La extensión de los derechos individuales y la erosión de principios aptos para proporcionar criterios aceptados universalmente y capaces de armonizar las demandas de individuos extremadamente diferenciados. Esta enorme variedad de actores sociales tan heterogéneos en sus fines pone a severa prueba los órganos que pueden mediar en términos de intereses globales de la sociedad, especialmente el Estado.

Cada contexto social y cultural y las condiciones históricas existentes originan sus propias particulares versiones. Todavía se puede sugerir una proposición general que abarca luchas de clase como categoría especial. Estas son las luchas originadas por la marginalización, que puede resultar de dos categorías de causas. Como consecuencia de la deprivación de ciertos derechos anteriormente reconocidos o como consecuencia del hecho de que los individuos se dan cuenta de que ciertos roles y status que les han sido negados. Ambos derivan de la lógica de la acción electiva y de la extensión de derechos. Cuando estas demandas adquieren gran intensidad dentro de un corto período de tiempo tienden a originar formas de rápida movilización social y política, y ponen una fuerte presión en el orden social ya existente y pueden producirse conflictos explosivos y un régimen totalitario tenderá a aparecer.

Hay ciertas condiciones generales que podrían abarcar tanto a regímenes nacional populistas como a substitutos funcionales del fascismo. Sociedades modernas en diferentes estados de modernización y desarrollo. Ciertas debilidades en la estructura social y cultural. Un número grande de habitantes no incorporados en la sociedad nacional. Cuando un largo período de movilidad ascendente se ve bloqueado. La no existencia o ineficiencia de mecanismos para resolución de conflictos.

Los fines de los regímenes autoritarios pueden ser muy distintos. Entre la variedad de formas que puede tomar, se pueden dar soluciones populista-nacionales, que pueden mantener elementos de tipo democrático. La naturaleza de las crisis es lo que determina en forma preponderante el carácter de los fines básicos.

Un ejemplo es el de la época en que las clases medias se vieron desplazadas por el creciente poder organizado del proletariado urbano y la necesidad de las clases proletarias de defender sus posiciones. Esto originó el fascismo clásico. El problema del desplazamiento fue resuelto por medio de lo que he denominado movilidad social autosostenida. La polémica alrededor de la llamada “nueva clase obrera” y su “aburguesamiento” giraba precisamente alrededor de este fenómeno de movilidad social autosostenida, típica del neocapitalismo. Los mecanismos de resolución de conflictos sindicales parecieron entrar en la normalidad. Esta fue la época en que fue posible hablar del “fin de las ideologías” pues los conflictos ya no parecían poner en peligro el orden social. Pero el fin del neocapitalismo ha puesto de nuevo en marcha el proceso de marginalización de sectores hasta ahora incorporados en el sistema. En países del Tercer Mundo se frena la incorporación del sector de la población que permanece al margen y ha puesto término a la posibilidad de ascenso real. Como hay una proporción de los todavía incorporados que probablemente va a ser expulsada del sistema, se crean los ingredientes para explosiones catastróficas.

-Planificación y democracia

La sociedad moderna es esencialmente una sociedad planificada. La planificación es inherente al principio esencial de la electividad. A medida que las fuerzas productivas amplían el espacio necesario para desenvolverse, el área de la planificación debe extenderse. La posibilidad de ajustes espontáneos disminuye y la planificación se extiende a muchas otras esferas más allá de lo económico. La planificación económica requiere la planificación social y ésta a su vez la planificación a nivel psicológico. Hay dos aspectos centrales del problema: conciliar las elecciones autónomas de los individuos y de los grupos dentro de la sociedad con las decisiones de los planificadores y conservar para la ciudadanía el poder de control sobre los planificadores mismos.

La extrema especialización del conocimiento hace imposible que el hombre común pueda comprender el significado de las propuestas de los planificadores. Se debe, necesariamente, confiar en los tecnócratas, quedando expuestos al engaño. Situaciones de esta naturaleza despojan al ciudadano de sus poderes y constituyen uno de los elementos de la concentración del poder.

Hay otro dos factores que deben recordarse. Los medios de comunicación de masa, sobre cuya efectividad para la manipulación de la gente no hace falta hablar. La ciencia está creando instrumentos de control del comportamiento que, quienes detentan el poder, pueden utilizar para la creación del consenso.

Otro factor se relaciona con el problema de la preservación y el mejoramiento del orden democrático. La planificación requiere un área cada vez más amplia de aplicación tanto en sentido geográfico (a nivel planetario) como en la extensión temporal (debe abarcar no ya años, sino décadas). Dentro de la actual distribución del poder a nivel internacional, unos pocos países deciden para la enorme mayoría de los hombres y las mujeres, para los que viven actualmente y para las generaciones futuras. En una sociedad caracterizada por una alta individualización, y con una ideología individualista predominante, es difícil ver que tipo de racionalidad de largo alcance temporal sería la más adecuada.

-Interdependencia a nivel internacional y democracia

Con la sociedad moderna se inicia realmente la historia universal, es decir en escala planetaria. Desde los problemas ecológicos, a los concernientes al sistema monetario y el uso de las materias primas, todo esto y mucho más depende de la existencia de una planificación internacional real y efectiva. Tal planificación no existe, ni podrá existir mientras subsistan los estados nacionales u otras unidades supuestamente “soberanas”. El “Estado mundial”, utópico desde el punto de vista histórico y político, resulta inimaginable en términos operativos desde la perspectiva de su complejidad organizacional.

La única experiencia del pasado que puede considerarse válida es el hecho de que ninguna unificación de grandes regiones, o incluso de espacios limitados, se llevó a cabo pacíficamente. Además, las ideologías del antiimperialismo han tenido el efecto de reforzar un nacionalismo furioso en los países llamados “dependientes”. Estas han contribuido poderosamente a dar apariencia democrática y progresista a toda clase de movimientos socialistas o comunistas-nacionales, todos los cuales resultaron estar entre los peores enemigos de la democracia y la libertad.

Volvamos a los interrogantes concernientes a la posibilidad de establecer, o en su caso mantener, formas de efectiva democracia en el plano interno de cada estado nacional y a nivel internacional. En la actualidad, la distinción entre política interior y política internacional se ha vuelto obsoleta. Además, cualquier estado que por azar se encuentre en condiciones de controlar ciertas materias primas puede incidir de manera significativa en la vida interna de otros estados y originar procesos políticos totalmente contrarios a la voluntad democráticamente expresada de sus ciudadanos. Dentro de la lógica democrática, todo recurso de interés común para la población del planeta debería ser controlado por autoridades sobre nacionales.

En el presente estado del “sistema internacional”, la situación de estrecha interdependencia y la internacionalización de la política interior tienden a favorecer las soluciones autoritarias, más que las democráticas. La razón es el alto grado de inseguridad generada por el carácter errático e irracional de los procesos internacionales. Las ideologías nacionalistas hallan en la amenaza exterior y en la inseguridad su mayor refuerzo, y los nacionalismos tienden a ser autoritarios.

El tema de las propensiones antidemocráticas de los nacionalismos nos lleva a una última consideración. La nación representa aún ahora el núcleo prescriptivo que hace posible el funcionamiento de la sociedad. El pluralismo y el principio de la elección individual deliberada cede frente a los imperativos de la “solidaridad nacional” con consecuencias necesariamente autoritarias o totalitarias. Precisamente en el momento en que las necesidades estructurales han hecho obsoleta la organización en estados nacionales, las ideologías nacionalistas se intensifican creando nuevos obstáculos a la creación de una comunidad internacional.

-Vulnerabilidad física y social de la sociedad moderna

La vulnerabilidad de la sociedad moderna depende de varios factores. Recordemos el alto grado de interdependencia de todos los componentes de la estructura social. En segundo lugar, el hecho de que en el funcionamiento de muchos aspectos de la vida social debe intervenir un gran número de personas. A estos dos factores se los podría denominar de orden estructural y se le agregan otros, los de orden cultural y psicosocial. El tipo de integración y las características que la sociabilización adquiere dentro de ese tipo de integración, conducen a la continua formación de grupos e individuos que puede actuar en forma distinta de lo esperado. Ofrece la posibilidad a individuos y grupos que desde el punto de vista de los valores y normas dominantes podrían considerarse “desviados”, de realizar acciones violentas contra puntos específicamente neurálgicos de la sociedad. Aquí el término “desviado” ofrece dificultades insolubles en una sociedad que se basa sobre un sistema de normas y valores en continuo cambio. Los más sangrientos actos de terrorismo pueden ser justificados como un acto revolucionario en nombre de principios que no son sino la aplicación en sus más extremas consecuencias lógicas, de ideales de libertad y de igualdad. Las amenazas internas inducen la adopción de medidas restrictivas de la libertad y los derechos individuales. La enorme mayoría de las personas de las naciones con regímenes democráticos no parece tener propensiones para el autoritarismo, pero frente al terrorismo y la amenaza que ellos significa para su vida diaria, difícilmente podrán resistir la tentación de las promesas de gobiernos “fuertes” y altamente represivos.

-Concentración y fragmentación del poder. Consecuencias para la democracia

En los Estados Unidos, algunos sostenían que en la sociedad capitalista avanzada el poder tendía a concentrarse cada vez más. Otros, en cambio, opinaban que el poder tendía a democratizarse. Ambos procesos existen. Ahora bien están las peculiaridades estructurales de la sociedad industrial que originan estas dos contradictorias tendencias: fragmentación del poder por un lado, concentración máxima por el otro, constituyen en ambos casos una seria amenaza para la democracia. Esta fragmentación fue observada en sus efectos destructivos de la democracia en varios países. La participación de las decisiones de tantos grupos determina en todos los países situaciones a veces insolubles que llevan a la parálisis del poder. El veto reciproco produce la postergación indefinida de problemas que reclaman soluciones urgentes. La incapacidad de tomar decisiones ha llevado de manera directa a soluciones dictatoriales. El factor central es la dificultad de construir las bases del consenso social.

Conclusiones

Desafortunadamente el análisis desarrollado en los apartados anteriores no sugiere conclusiones optimistas, ni sobre el destino de la democracia, ni sobre el de la sociedad moderna y del género humano en general. Parece sin embargo razonable suponer que las potencialidades humanas son mucho mayores de lo que ha realizado la cultura occidental y moderna. Lo que debe enfrentarse ahora no son las limitaciones de la naturaleza humana en general, sino la del hombre tal como se ha realizado históricamente.

8 comentarios:

  1. Anónimo1.7.11

    gracias. me lo explicaste mejor q mi profesora

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    1. es uno de los textos que peor se dan por alguna razón, a este es a uno de los únicos que le di un poco de interpretación porque no se entiende mucho a simple vista el texto.

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  2. Anónimo17.7.11

    q la mia tmb, encima llega tarde siempre

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  4. Gracias! Son buenísimos todos los resúmenes!

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  5. Anónimo2.7.17

    Me sirvieron mucho y me aclararon el tema porque en el texto que tenía estaba muy confuso!! Gracias por aportar su ayuda a la gente.

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  6. Anónimo6.7.17

    Gracias por salvarme la vida, buscaba algo así para copiar y pegar en mi trabajo de sociología

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