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14.7.10

O'Donnell - Disonancias

Teoría democrática y política comparada

1.1 Una nota personal

Basado en las grandes esperanzas que suscitó la terminación de varios tipos de dominación autoritaria, emprendí el estudio de los nuevos regímenes que habían surgido. Al comienzo de estas actividades partí de dos premisas. La primera es que existe un corpus suficientemente claro y consistente de teoría democrática. La segunda es que este corpus solo exige modificaciones menores para ser utilizado como herramienta en el estudio de las nuevas democracias. El problema es que me persuadí de que ambas premisas son erróneas, lo que me privó de la lente con la que podía dedicarme al estudio de las nuevas democracias.

Una teoría adecuada de la democracia debe especificar las condiciones históricas de surgimiento de los distintos tipos de casos. La teoría democrática debe abordar complicadas cuestiones de filosofía política y de teoría moral. Una teoría de la democracia debe incluir diversos aspectos de teoría del derecho.

1.2 Introducción

Calificar un caso como “democrático” tiene consecuencias morales en la medida que en la mayor parte del mundo hay consenso en cuanto a que la democracia es la forma de gobierno preferible. Hay gran confusión y discrepancias sobre la definición de democracia. Un motivo de confusión es que la teoría democrática no es el ancla conceptual que se presume. Argumento que las actuales teorías de la democracia necesitan ser revisadas desde un punto de vista analítico, histórico-conceptual y jurídico.

1.3 La nota al pie de Schumpeter

Schumpeter ofrece su célebre definición del método democrático: el arreglo institucional para arribar a decisiones mediante el cual los individuos adquieren el poder de decisión mediante la lucha competitiva por sus votos. El tipo de competencia por el liderazgo de la democracia es una libre, es en procura de votos libres. Schumpeter no excluye otras formas menos competitivas de asegurarse el liderazgo para no quedar con un ideal totalmente carente de realismo.

Para que haya un método democrático deben existir ciertas libertades vigentes para todos. La función primordial del electorado es la de generan un gobierno y la de poder derribarlo. Schumpeter enumera ciertas condiciones para el éxito del método democrático. No hay duda de que Schumpeter tiene una concepción elitista de la democracia ya que, según él, una vez que han elegido a alguien, la acción política ya no es cosa del electorado sino de este último”.

Según Przeworski, la democracia es un sistema en el que hay competencia regulada. Un régimen sólo es democrático si se le permite a la oposición competir, ganar y asumir cargos. Giovanni Sartori centra su atención no tanto en las elecciones como en “un sistema de gobierno mayoritario limitado por los derechos de las minorías”. Las definiciones anteriores se centran en ciertas condiciones enunciadas como libertades o garantías necesarias para la existencia de elecciones limpias. Todas coinciden en incluir estos dos elementos. Hay otras definiciones que pretenden ser realistas pero no califican como tales porque enuncian características que no se encuentran en ninguna democracia existente.

1.4 Elecciones limpias

Llamo elecciones limpias a las que son competitivas, libres, igualitarias, decisivas e incluyentes, y en las que pueden votar los que gozan de ciudadanía política. Según Przeworski, esto significa que los gobernantes pueden perderlas y deben acatar el resultado.

Primera digresión comparativa

Se presume una vez realizadas las elecciones y declarados los ganadores, éstos ocuparan sus cargos y gobiernan con la autoridad y durante el período que prescribe la constitución. Pero no siempre sucede así. En muchos casos, las elecciones no son decisivas.

1.5 Los componentes de un régimen democrático, o poliarquía o democracia política

Ninguna de las definiciones realistas aclara si las condiciones que proponen son necesarias o suficientes o si simplemente aumentan la probabilidad de que haya elecciones limpias. Las elecciones a las que se refieren estas definiciones son institucionalizadas. Cuando es así, ellas son un central componente del régimen, ya que son el único medio de acceso a los principales puestos de gobierno.

1.6 Una primera mirada a las libertades políticas

Deben existir ciertas libertades o garantías concomitantes a las elecciones que continúen vigentes entre una y otra elección. El efecto combinado de las libertades no garantiza plenamente que las elecciones sean limpias, pero genera buenas probabilidades. Las libertades “políticas” son resultado de una evaluación empírica acerca del impacto de diversas libertades en la probabilidad de que las elecciones sean limpias. Éste es uno de los motivos de que no exista acuerdo general acerca de cuáles serían esas libertades “políticas”. Uno de los problemas es el límite en cada una de estas libertades. La libertad de asociación no incluye, por ejemplo, crear organizaciones con fines terroristas.

Es intuitivamente evidente que la ausencia de algunas de estas libertades (expresión, asociación o movimiento) suprime la posibilidad de que haya elecciones limpias. El acceso a esas libertades genera la posibilidad de utilizarlas como bases de protección y potenciación para el logro de la ampliación de otras libertades. Confío en haber dejado en claro que un régimen democrático es extremadamente importante por sí mismo. Dicho régimen puede rotularse simplemente una democracia.

1.7 Una apuesta institucionalizada

Cada votante tiene además el derecho de ser elegido en posiciones gubernamentales. Lo importante del derecho al sufragio y a ocupar cargos electivos es que define un agente. Esta asignación es universalista: esos derechos corresponden a todos los adultos. El sistema legal de la democracia concibe a todos los individuos como igualmente capaces de ejercitar esos derechos y hacerse cargo de las obligaciones correspondientes. Vista desde este ángulo, la democracia es el resultado de una apuesta institucionalizada. El sistema legal asigna a cada individuo ciertos derechos y obligaciones. Los individuos no los eligen. La democracia política es el único régimen resultante de una apuesta institucionalizada, universalista e incluyente.

Podemos llegar a dos conclusiones. La primera, referente a la ciudadanía política, consiste en la asignación legal y el disfrute de los derechos y libertades que antes mencioné. La otra, referente al estado, tiene dos sentidos. Uno es el del estado como entidad territorial que encuadra a los titulares de los derechos y obligaciones. El segundo sentido es el del estado como un sistema legal que promulga y respalda la asignación universalista e incluyente de esos derechos y obligaciones.

1.8 Agencia y derechos

La adopción de la apuesta democrática que concede derechos políticos universalistas es reciente. Sus orígenes nos remontan a la violenta resistencia de sectores privilegiados que se oponían a la extensión de los derechos políticos de otros. Típicamente, el argumento se basaba en que esos sectores carecían de autonomía y de responsabilidad.

Un agente es alguien dotado de razón práctica, o sea que cuenta con suficiente capacidad intelectual y motivacional para tomar decisiones que son razonables en función de su situación y sus metas. Esta capacidad hace del sujeto un agente moral, considerándolo responsable de sus opciones y de las consecuencias directas de las mismas.

1.9 La construcción legal y prepolítica de la agencia

La presunción de agencia es otro hecho institucionalizado. Es un concepto promulgado y sustentado por el sistema legal. Ésta presunción constituye a cada individuo como un sujeto jurídico, un portador de derechos subjetivos. La ley se refiere a las únicas entidades verdaderamente existentes, los individuos. El objeto y la finalidad de la ley es el individuo. Si eventualmente se obtiene como resultado un buen orden social, esto es un producto colateral.

El proceso de construcción jurídica de la agencia individual no fue ni lineal ni pacífico. Se desplegó con otro proceso: el surgimiento y desarrollo del capitalismo. El trabajador de las relaciones capitalistas es un precoz sujeto jurídico, portador de escasos derechos. Los estados y el capitalismo generaron mercados territorialmente delimitados, con lo que también así contribuyeron a generar una densa trama de derechos subjetivos. No eran éstos los derechos políticos de la apuesta democrática. Eran derechos civiles, correspondientes a actividades sociales y económicas “privadas”. Fue en su carácter de defensores de ésta clase de derechos que los liberales lograron la aprobación de constituciones que institucionalizaron por primera vez la apuesta democrática. La democracia política contemporánea acepta la apuesta incluyente y sus implicaciones mayoritarias pero, mediante sus resguardos liberales, amortigua sus riesgos.

Segunda digresión comparativa

Aunque en muchas nuevas democracias políticas se llevan a cabo elecciones limpias y tanto las elecciones como la apuesta universalista están institucionalizadas, en ellas existe escasa efectividad de los derechos civiles. En no pocos países, cuando se adoptó la apuesta incluyente aún no se habían implantado muchas salvaguardias liberales. Los privilegiados vieron en la extensión de la apuesta una seria amenaza, con lo que a menudo desencadenaron una dinámica de represión.

1.10 La ciudadanía política y sus correlatos

La ciudadanía política es una condición legalmente definida. La ciudadanía política es pública. Significa que es el resultado de leyes que deben cumplir exigencias cuidadosamente explicitadas en cuanto a su publicidad y que los derechos y obligaciones que se asignan a cada individuo implican un sistema de reconocimiento mutuo de todos los individuos.

Otra de las cuestiones planteadas por la idea de agencia se refiere a las opciones disponibles para cada individuo. Surge entonces una serie de criterios legislativos y de jurisprudencias para que los agentes se relacionen entre sí como tales, sin que haya desigualdad. La cuestión de la agencia con respecto a las opciones se ramifica con el surgimiento y desarrollo de la legislación social.

Tercera digresión comparativa

Muchos países importaron sistemas legales fundados en concepciones universalistas de la agencia individual y sus consecuentes derechos subjetivos. Es probable que el funcionamiento de estos regímenes sea significativamente diferente que en los países originarios.

1.11 ¿Libertades “políticas”?

Es difícil imaginar que las libertades de expresión y asociación puedan estar vigentes en el ámbito de la política, pero sean groseramente reprimidas en otras esferas de la vida social. Las libertades políticas se diluyen en un conjunto más amplio de las libertades civiles.

1.12 Sobre el estado y su dimensión legal

El estado incluye el sistema legal, que promulga reglas de diverso tipo y normalmente las respalda con su supremacía de coerción. El sistema legal sostiene la apuesta democrática. En la medida que esto ocurre, el estado incluye en sí mismo una dimensión muy importante de democraticidad. Asimismo, no hay en el estado ningún poder que pueda declararse por encima del sistema legal. Otro aspecto de un sistema legal es su efectividad, vale decir el grado en que efectivamente ordena las relaciones sociales.

1.13 Una mirada al contexto social

La libertad de información es un rasgo general beneficioso de la sociedad. Es relevante en prácticamente todos los espacios sociales. Ésta libertad, para ser efectiva, presupone tanto un contexto social que sea razonablemente pluralista y tolerante como un sistema legal que la respalde.

Cuarta digresión comparativa

En no pocos casos la geografía de los países incluye algunas desigualdades sociales. La pobreza material y legal es la condición de buena parte de la población de democracias viejas y nuevas. Por esto mismo, queda por investigar en qué medida y en qué condiciones los pobres y los discriminados pueden usar las libertades políticas de un régimen democrático como plataforma de protección de sus derechos civiles y sociales.

1.15 Hacia futuras indagaciones

La cuestión de qué opciones realmente habilitan la agencia es indecidible. ¿Sobre qué base podríamos trazar una firme y clara línea a partir de la cual sería posible afirmar que la agencia tiene condiciones reales y efectivas de existir para cada uno? En síntesis, todas las dimensiones de la democracia se conectan entre sí y con la cuestión de la agencia.

1.16 Coda

Durante estas exploraciones descubrimos la concepción del ser humano como un agente.

Las poliarquías y la (in)efectividad de la ley en América Latina

5.1 Introducción

Las dudas y objeciones con respecto a la condición democrática surgen de la justificada indignación que produce la lamentable situación de los derechos básicos de los pobres y vulnerables. Esas mismas dudas reflejan la vaguedad de los significados atribuidos al término “democracia”.

5.2 Poliarquía o democracia política

El país X es una democracia política o una poliarquía. Sin embargo, la pobreza es muy extendida, y las desigualdades son profundas. Schumpeter estaría de acuerdo en que, pese a las características socioeconómicas de X, este país es democrático. Otros autores ven la democracia como un atributo sistémico, dependiente de la existencia de un grado importante de igualdad socioeconómica. La definición que equipara a la democracia con un grado sustantivo de justicia o de igualdad social, sin embargo, no es útil analíticamente.

Si en el país X la pobreza extrema es una condición muy extendida, sus ciudadanos están privados de facto de la posibilidad de ejercer su agencia, debido a que no tienen tiempo o los recursos necesarios para ejercerla. Entonces parece equivocado afirmar que la democracia no tiene nada que ver con semejantes impedimentos socialmente determinados. Ésta es una cuestión importante, pero no la trataré aquí.

5.3 Derechos formales

El análisis anterior implica que existe una dimensión intermedia entre el régimen político y las características socioeconómicas. Sostengo que este nivel intermedio consiste en el grado de efectividad de la ley. Cualquiera que sea la ley, ésta debe ser igualmente aplicada por las instituciones estatales que correspondan. La igualdad de todos ante la ley es la expectativa inscripta en esta clase de igualdad. Los derechos y obligaciones formales son un subconjunto de los derechos y obligaciones asignados a la persona legal.

5.4 Un breve repaso de la evolución y la secuencia de los derechos

Hubo ciertos períodos que marcaron un avance claro en la equidad social y la democratización, pero esto hizo que disminuyera el universalismo legal de las etapas precedentes. La expansión por medio de la regulación legal de situaciones sociales nuevas, hasta entonces informalmente reguladas, y la densificación de la ley, ha sido producto de la emergencia de estados decididos a ordenar las relaciones sociales sobre su territorio. En la mayoría de los países latinoamericanos contemporáneos, la extensión de los derechos civiles a todos los adultos es incompleta, y más aún la de los sociales.

5.5 América Latina

El de la poliarquía X, es también un país donde existen los rudimentos del estado de bienestar. Lo que acabo de describir se aplica a todas las poliarquías contemporáneas de América Latina. Aquí existen enormes brechas en la efectividad de la legalidad estatal. Esas falencias son las que describiré a continuación. Las falencias en la ley vigente: pese al progreso realizado recientemente, aún existen leyes y regulaciones administrativas discriminatorias. Aplicación de la ley: los privilegiados utilizan diversas maneras para, por medio de conexiones, eximirse del acatamiento de la ley. Relaciones entre burocracias y “ciudadanos comunes”: ésta es la otra cara de la luna para los privilegiados, que para evitar la burocracia montan elaboradas estrategias y redes de relaciones. Acceso al poder judicial y a un proceso justo: en América Latina la justicia es demasiado distante, cara y lenta para que los desfavorecidos intenten acceder a ella. Ilegalidad pura y simple: en muchos países de América Latina el alcance del estado legal es limitado. Las leyes formalmente vigentes son aplicadas de modo intermitente y diferencial. Ésta ley segmentada está sumergida en la ley informal decretada por poderes privatizados. Se trata de sistemas subnacionales de poder.

Es difícil no concluir que las circunstancias que acabo de describir deben afectar profundamente el funcionamiento real de estas poliarquías. Algunas de esas regiones funcionan, en verdad, de un modo que no es democrático. Estos problemas han tendido a intensificarse, en vez de mejorar, durante las actuales poliarquías.

5.6 Acerca del estado de derecho

La aplicación adecuada de la ley es obligación de la autoridad competente. El concepto de imperio de la ley y el de estado de derecho no son sinónimos. El sistema legal es un aspecto del orden social global. Cuando se lo concibe como un aspecto de la teoría de la democracia, el estado debe ser visto no sólo como una característica genérica del sistema legal y del desempeño de los tribunales. Esto implica que haga respetar las libertades y garantías políticas de la poliarquía y que todos los agentes estén sujetos a controles adecuados y establecidos por ley sobre la adecuación de sus actos. Éste es un estado democrático de derecho.

5.7 Desigualdades, estado y derechos liberales

Una justificación adecuada del estado de derecho debe basarse en la igualdad. Ésta está en peligro dado que hoy en día las reformas legal y judicial están fuertemente orientadas hacia los intereses de los sectores dominantes. Esto tiende a producir un desarrollo dualista del sistema de justicia. En sociedades que son profundamente desiguales, éstas tendencias bien pueden reforzar la exclusión de muchos.

La democracia es también un modo particular de relación entre el estado y los ciudadanos, y entre los ciudadanos mismos, bajo un tipo de legalidad que sostiene la ciudadanía civil y una red de controles. La vigencia de una ciudadanía relativamente plena ayuda a generar patrones de desigualdad que son menos agudos. Las enormes distancias sociales que conlleva la desigualdad profunda favorecen diversos patrones de relaciones autoritarias en los contractos entre los privilegiados y el resto. Una consecuencia enorme es la dificultad de los primeros para reconocer a los segundos como agentes igualmente autónomos y responsables.

Junto con las libertades políticas de la poliarquía, los derechos civiles son el principal apoyo para el pluralismo y la diversidad de la sociedad. Los impulsos democratizantes más promisorios pueden provenir de luchas por la extensión de la ciudadanía civil.

5.8 Observaciones finales

Los temas del estado deben ser considerados como una parte tan central de la problemática de la democracia como lo que es el estudio de su régimen. El logro de una democracia que incluya una plena legalidad democrática es una necesidad urgente e importante. El hecho de que las luchas hacia este objetivo puedan fundarse en las libertades políticas de la poliarquía señala el potencial de este tipo de régimen, aún cuando esté dañado.

Giovanni Sartori - Homo Videns

Homo videns

1- Vídeo elecciones

Ya en los tiempos en los que sólo había periódicos, la pregunta era: ¿en qué medida influye el periódico en la decisión de los electores? Las noticias televisivas influyen de un modo decisivo en las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales y las consideraciones según las cuales valoran a los dirigentes políticos. Son muchos los que consideran que tres o cuatro millones de nuestros electores están tele-guiados. Por otra parte, tenemos el hecho de que esta medición excluye a los que no cambian el voto, probablemente porque las incitaciones de los medios de información se neutralizan.

Los efectos de la vídeo-política tienen un amplio alcance. La televisión personaliza las elecciones. En la pantalla vemos personas y no programas de partido. La televisión nos propone personas en lugar de discursos. Además, el sistema electoral es una variable importante. El poder del vídeo es menor cuando el voto se da a listas de partido, y adquiere toda su fuerza cuando el sistema electoral está personalizado, cuando se vota para candidatos únicos. El sistema electoral y el sistema de partidos son variables importantes en lo que concierne al hecho de favorecer u obstaculizar la despersonalización de la política.

La vídeo-política tiende a destruir el partido, ya que el rastreo de votos ya no requiere una organización capilar del partido de sedes y activistas. La vídeo-política reduce el peso y la esencialidad de los partidos, les obliga a transformarse. Ya no es necesario el “partido de peso”; el “partido ligero” es suficiente.

2-La política video-plasmada

En el pasado, el representante era enormemente independiente de sus electores. El gentleman político no estaba ligado a partido alguno y era elegido sin oposición. A lo largo del siglo XX, el partido prevalece sobre los miembros electos. Cuanto más vota el elector al símbolo, a la ideología o al programa de un partido, más dependen los candidatos de su partido para ser elegidos. Hoy esta dependencia se está reduciendo. Estamos pasando al representante o colegio-dependiente o video-dependiente. El representante liberado del control del partido no tiene porqué ser un representante que funcione mejor. En la colegio-dependencia, al final, toda la política se resuelve en la política local. Este supuesto progreso democrático transforma el parlamento en una constelación de intereses particulares en conflicto. De este modo, cuanto más local se hace la política, más desaparece la visión y la búsqueda del interés general, del bien de la comunidad.

¿Cuáles son las culpas de la televisión en el aumento del localismo? La televisión tiende a concentrarse en noticias locales. Los políticos tienen cada vez menos relación con los acontecimientos genuinos y cada vez se relacionan mas con “acontecimientos mediáticos”. La vídeo-política atribuye un peso absolutamente desproporcionado a quien no representa una “fuente autorizada”, a quien no tiene ningún título de opinion maker. Esto representa un pésimo servicio a la democracia como gobierno de opinión. Además, la televisión favorece la emotivización de la política. Aquí nos encontramos con un problema, ya que el saber es logos, no es pathos, y para administrar la ciudad política es necesario el logos. Así, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens está retrocediendo.

3- La aldea global

La televisión anula las distancias visuales, dándole globalidad a la misma. La cámara de televisión no llega a la mitad del mundo, lo que significa que existe un mundo oscurecido y que la televisión incluso consigue que nos olvidemos de él. Al periódico saber lo que sucede en el mundo le cuesta poco dinero, pero desplazar a una troupe televisiva le cuesta muchísimo. Por este criterio, noventa y nueve de cada cien acontecimientos no se nos muestran.

Nuestra proyección hacia el mundo nos deja “sin sentido de lugar”. La televisión fusiona comunidades distintas y de este modo hace cualquier causa un objetivo de preocupación para cualquier persona del mundo. Esto nos enfrenta a un acontecimiento mediático que apela a una sensibilidad humana común. La cuestión es que “cualquier lugar del mundo” y “mi tierra” se amalgaman entre sí. Según McLuhan, la televisión fragmenta el mundo en una miríada de aldeas reduciéndolo a formato aldea, reforzando el localismo. En cuanto causas lejanas nos afectan al bolsillo y en primera persona, la pequeña patria prevalece y el localismo no atiende a razones. La alternativa de este escenario es la nación de tribu. Esta es una nación de personas que se relacionan sólo con afiliados con los que están de acuerdo y permanecen completamente ignorantes de la múltiple realidad de los “otros”.

La televisión está homogeneizando los modelos de vida y los gustos en todo el mundo, pero esto no modifica el problema planteado por el localismo y la aldeización. Cuando nos enfrentamos a un problema concreto, la aldea triunfa y se desvanece la idea de ser de cualquier lugar del mundo. En concreto, la televisión a veces promueve una mente aldeanizada y a veces una mente globalizada, siempre y cuando estas no colisionen, puesto que prevalecería la mente empequeñecida.

4- El demos debilitado

Democracia quiere decir, literalmente, pueblo. El pueblo soberano es titular del poder. ¿De qué modo y en qué grado puede ejercitarlo? La mayor parte del público no sabe casi nada de los problemas públicos. La base de información del demos es de una pobreza alarmante. En la democracia representativa el pueblo no decide propiamente las issues sino que se limita a elegir quién las decidirá. El problema es que la democracia representativa ya no nos satisface, y por ello reclamamos dosis mas crecientes de directismo, de democracia directa. Ésta representará una mayor democracia. Pero para serlo realmente, a cada incremento de demo-poder debería corresponderle un incremento de demo-saber. Se entiende que la educación es importante. El problema es que, en general, la educación no produce necesariamente efecto de arrastre alguno sobre la educación política.

Hasta ahora no he insistido sobre la distinción entre información y compelencia cognoscitiva. Cuando hablamos de personas políticamente educadas debemos distinguir entre quien está informado de política y quien es cognitivamente competente para resolver los problemas de la política. Lo importante es que cada maximización de democracia, cada crecimiento de directismo requiere que el número de personas informadas se incremente, pero esta dirección se esta invirtiendo, acercándonos a un demos debilitado. El mundo en imágenes que nos ofrece el vídeo-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción. Los directistas distribuyen permisos de conducir sin preguntarse si las personas saben conducir. Nos encontramos también ante un demos debilitado en clave de “pérdida de comunidad”. La televisión crea una “multitud solitaria” incluso entre las paredes domésticas. Lo que nos espera es una soledad electrónica. El televisor reduce al mínimo las interacciones domésticas.

El hecho de que la información y la educación política estén en manos de la televisión representa serios problemas para la democracia. Quienes seleccionan las informaciones se convierten en administradores del dominio simbólico de las masas. El poder pasa al Gran Hermano electrónico.

5- Regnum hominis y hombres bestias

Bacon preveía un regnum hominis en el que el saber científico le daría al hombre el poder de dominar la naturaleza. Ya no tenemos un hombre que reina gracias a la tecnología inventada por él, sino más bien un hombre sometido a la tecnología. El inventor ha sido aplastado por sus inventos. En teoría política la solución la encontramos en postular que el elector es racional por definición. El defecto del argumento es que no hay racionalidad alguna en una elección que maximiza la utilidad percibida. Un elector racional es un elector que sabe elegir la utilidad bien entendida.

La desproporción entre el producto que se ofrece en la red y el usuario que lo debería consumir es colosal y peligrosa. Un aspecto ulterior de nuestro modo de ser y vivir es la creciente y omnipresente artificialización. En la edad digital nuestro quehacer se reduce a pulsar botones de un teclado. La hipermediatización nos priva de experiencias nuestras, experiencias de primera mano y nos deja a merced de experiencias de segunda mano. No hay libro ni representación que pueda hacer las veces de nuestro propio error. El hombre sólo puede reconocer el propio hacer.

Para Vico, nuestra sociedad esta pensada con gran imaginación como una sociedad de horribles bestias desprovistas de capacidad de reflexión pero dotadas de fuertes sentidos y enorme fantasía. El hombre del postpensamiento, incapaz de una reflexión abstracta y analítica, que cada vez mas balbucea ante la demostración lógica y la deducción racional, pero a la vez fortalecido en el sentido del ver y en el fantasear se parece mucho al hombre de hoy en día. Se le parece también en la credulidad y en la superstición. El progreso de la ciencia liberaría al hombre de las creencias irracionales. No obstante el hombre sigue creyendo porque no hay razón alguna para no creer.

6- La competencia no es un remedio

En la televisión más que en ningún otro medio es el productor el que produce al consumidor. Hay quienes creen que la televisión mejorará cuando de verdad haya un orden plural y competitivo estimulado por la concurrencia de las televisiones privadas. Según la teoría de la competencia, el consumidor debería castigar la deficiente producción de noticias, exactamente igual que castiga la deficiente producción de frigoríficos y de automóviles. Pero no sucede así.

Ocho de cada diez noticias son las mismas en todas las cadenas. Los supuestos competidores juegan sobre seguro; en lugar de diferenciarse se superponen. La competencia entre los medios de comunicación no produce beneficios concurrentes sino más bien un deterioro de los productos. Karl Popper ha escrito que una democracia no puede existir si no se controla la televisión. Pero no veo con claridad como puede controlarse la libertad de expresión. Es muy importante reaccionar protestando frontalmente contra la arrogancia y la charlatanería intelectual del negropontismo.

7- Racionalidad y postpensamiento

El contraste que estoy perfilando entre homo sapiens y homo insipiens no presupone idealización alguna del pasado. El homo insipiens siempre ha existido. Las autopistas de internet se abren cada vez más a las pequeñas locuras, a las extravagancias y a los extraviados. Así, aunque los pobres de mente y de espíritu han existido siempre, la diferencia es que en el pasado no contaban, mientras que hoy se encuentran, se multiplican y se potencian.

El hombre se ha reducido a ser pura relación, inmerso en el incesante flujo mediático. El gobierno de los sondeos, los referendos y la demagogia del directismo atribuyen los problemas a los políticos y la solución a la gente. En todo ello, la televisión agranda los problemas y prácticamente anula el pensamiento que los debería resolver. Esto propone una pérdida de pensamiento, una caída banal en la incapacidad de articular ideas claras y diferentes. Hemos fabricado, con los diplomas educativos, un proletariado intelectual sin ninguna consistencia intelectual. Los medios de comunicación son administrados por personas sin cultura. Y como las comunicaciones son un formidable instrumento de autopromoción han sido suficientes pocas décadas para crear el pensamiento insípido.

Actualmente, proliferan las mentes débiles. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens. No es verdad que la pérdida de la cultura escrita está compensada por la adquisición de una cultura audio-visual. El hombre renuncia al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo. Cede ante el impulso inmediato, cálido, emotivamente envolvente. La cultura audio-visual es inculta y, por tanto, no es cultura. La costumbre consiste en llenar las aulas de televisores y procesadores. La escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa. Sucede lo mismo con los periódicos: imitan y siguen a la televisión, aligerándose de contenidos serios. Y a quien me dice que estas acciones son retrógradas, le respondo: ¿y si por el contrario fueran vanguardistas?

Juan Abal Medina - Representación política

La muerte y la resurrección de la representación política

Introducción

El libro intentará descubrir cuál fue la verdadera naturaleza de los regímenes políticos que la modernidad vio nacer y cuál es la relación existente entre ellos y las democracias contemporáneas. Nuestras actuales formas de gobierno no son la aplicación a una escala mayor de la democracia clásica que existió en Grecia. Las nuevas formas políticas se basaron en la idea de representación a la hora de diseñar sus instituciones políticas, llegando incluso a prohibir el autogobierno.

La selección de gobernantes por procedimientos de sorteo y la Asamblea han sido reemplazados por los partidos políticos y las elecciones periódicas. En América Latina, las transformaciones sociales acontecidas durante el siglo XX fueron restando credibilidad a la metáfora representativa y vaciando de legitimidad a los regímenes políticos. Desprovista de su sustrato social, la representación se vuelve muy débil.

El modelo parlamentario (1830-1890)

El primer tipo ideal de política moderna es el modelo parlamentario. Durante el siglo XVIII, el capitalismo empezaba a organizar la vida social y a desmantelar el orden tradicional. El escaso desarrollo de los aparatos estatales los llevaba a aplicar o el laissez-faire o un proteccionismo. En éste contexto surgieron surgieron los primeros partidos políticos relacionados con los parlamentos. La representación se constituía como una relación muy directa, posible gracias al reducido cuerpo electoral. Sumado al carácter uninominal del sistema electoral esto originaba una relación individual entre el representante y sus electores.

En este modelo los que votan son pocos, entre los que se encuentran los notables. Este tipo de ciudadanía restringida, o censitaria, generaba un cuerpo electoral muy uniforme. Los partidos políticos que surgieron dentro de estos parlamentos surgieron de manera espontánea, como expresión de los distintos intereses sociales. Estos partidos no tenían existencia por fuera de las cámaras parlamentarias, y son llamados partidos parlamentarios. Para que la representación funcionara hacía falta que los electores se sintieran representados por sus representantes.

El lento pero sostenido crecimiento de los cuerpos electorales y la radicalización de las disputas políticas fueron llevando a estos primeros partidos a “salir” de las cámaras y extenderse a la sociedad. Las posturas políticas comenzaron a externalizarse y se generalizaron en el seno de la sociedad.

El modelo de masas (1910-1970)

Durante el siglo XIX, la urbanización e industrialización hizo que emergiera un nuevo actor social, la clase obrera. Las luchas de los sindicatos tuvieron un papel fundamental a la hora de ampliar la ciudadanía, terminando con los umbrales censitarios. De esta manera, la moderna democracia de masas se constituía sobre la base de cuerpos electorales amplios y heterogéneos.

Paralelamente, el Estado tomaba la forma keynesiana, y pasó a ocupar un lugar central en la sociedad, en contraposición a los estados de tipo “liberales”. El Estado buscaba ampliar la inclusión efectiva de las capas sociales inferiores. Éste actuaba como un agente de desarrollo económico, para evitar las recurrentes crisis.

La relevancia de las decisiones estatales para la vida de los ciudadanos se volvió fundamental. Así, los partidos políticos asumieron las principales características del modelo de partido de masas, requirieron la afiliación de sus miembros al partido. La estructura organizativa de un partido de este tipo tenía una alta densidad y complejidad institucional, generando una estructura piramidal, en cuyo vértice se encontraba la dirección nacional del partido.

La desconfianza con la que estos nuevos actores miraban al parlamento llevaron a que los bloques parlamentarios carecieran de poder real y fueran controlados por la dirección del partido. Se alentaba un voto despersonalizado en el que el elector depositaba su confianza en el partido y no en los candidatos. El sistema electoral que se asocia con este modelo de partido es el llamado “sistema proporcional”.

Las diferencias entre los partidos parecían ser el reflejo de las divisiones sociales. La representación política ha ido perdieron la condición de confianza “personal” propia de los partidos de notables, para adoptar la forma de representación de intereses. Una vez en el parlamento, los representantes le debían obediencia al bloque partidario, por lo que se volvió inútil el “debate parlamentario”. Si alguno desobedecía al partido, sus votantes no lo volverían a elegir en las siguientes elecciones.

El modelo electoral (1980-¿?)

Los aparatos estatales presentes en el modelo anterior han ido disminuyendo sus competencias y separándose de la esfera económica, producto de las crisis fiscales y los déficit de una economía globalizada. Al cambio de tipo de Estado se le corresponde un cambio en el tipo de partidos políticos. Las organizaciones partidarias se vuelven más limitadas y menos representativas. Al no poder garantizar políticas públicas específicas, el partido va perdiendo sus referentes sociales.

Nos encontramos frente a “partidos atrapa todo”, que se acentúan hasta constituir un nuevo modelo de partido: el profesional electoral. Aquí, los partidos reducen su expresión ideológica y flexibilizan sus programas para obtener un mayor alcance. La individualización de los intereses hace que cada vez sea más difícil implementar políticas que se dirijan a un grupo social en especial. Además, la influencia de los medios masivos de comunicación lleva la política a las casas de los ciudadanos.

La lógica de este modelo no se corresponde con los sistemas electorales de representación electoral. Los electores cada vez más quieren “conocer” a sus representantes. Esto lleva a la adopción de sistemas electorales mixtos, que incorporan la personalización del voto.

Si los partidos no expresan más intereses sociales ni presentan propuestas claras a sus electorados, ¿en qué sentido representan? La credibilidad de la relación entre representantes y representados es mucho menos densa que antes. Si las organizaciones partidarias se aproximan al modelo electoral, pero no pierden su condición de “partido”, manteniendo algún grado de proyecto, la relación representativa se mantiene. Si se transforman en meras agencias electorales capaces de adoptar cualquier programa, el lazo representativo se pierde.

Éste es el núcleo de la crisis contemporánea de la representación política. Actualmente es difícil indicar con claridad una organización como un partido electoral puro, del modo como lo hacíamos con los dos modelos anteriores. Podemos sostener que en contextos de esta naturaleza el partido electoral se transforma en un instrumento absolutamente incapaz de general algún lazo representativo, incapaz de gobernar sociedades cada vez más cansadas y hartas de la política.

La sociedad fragmentada

Las sociedades modernas eran por naturaleza heterogéneas y en ellas los partidos congregaban a individuos más o menos semejantes. Los partidos políticos representaban a los actores sociales. Desde los años ochenta, los ciudadanos se alejan de lo político. En el juego político, los espectadores-representados ya no se sienten identificados con los actores-representantes. En lo que se llama “posmodernidad” el proceso de individuación niega cualquier pretensión de reunificar lo social y se pierde la fe en la capacidad humana de producir y pronosticar el futuro. Las identidades colectivas se van perdiendo. Las unidades homogéneas que constituyen una sociedad heterogénea son cada vez más reducidas. Representar lo social parece volverse imposible ya que, el individuo posmoderno es, prácticamente, la fragmentación del “yo”.

La representación postsocial

Aceptando que la sociedad contemporánea impide el “juego político” representativo ¿que ocurre con el sistema partidario? El sistema de partidos no puede seguir siendo visto como un mecanismo agregador y representador de voluntades políticas. En la actualidad, su cualidad “autorreferencial” consiste en su capacidad de establecerse y reproducirse a sí mismo. El ciudadano medio visualiza lo político como algo distante y remoto. Lo que está en crisis actualmente es la forma en que se legitiman los gobiernos electorales. Estaríamos en presencia de algo así como una representación postsocial, desprovista de relaciones homológicas y cuya verosimilitud es autorreferencial.

La opinión pública parece transformarse en una tan irresistible como incierta e incompetente. Los dirigentes políticos se van convirtiendo en una especie de candidatos permanentes que se juegan día a día su destino en el índice de popularidad. Parece que lo político no puede abstraerse la lógica massmediática que lo impulsa a transformarse en una “dramaturgia”. Los “metaelectorados”, construidos gracias a la capacidad de las consultoras de difundir sus estudios, anticipan al ciudadano medio por quién va a votar y por qué va a hacerlo. Si la representación resulta cada vez menos creíble y no logra generar una legitimidad sólida a nuestras democracias, es imprescindible encontrar herramientas institucionales que la fortalezcan. Creemos que ésta será la clave de la reconstrucción de la legitimidad de la representación.

La reconstrucción de la legitimidad política: representación, participación y más allá

Nuevamente está en cuestión la capacidad de los ordenamientos institucionales para superar los retos que los cambios sociales y políticos le presentan. La permanente sensación de crisis del modelo electoral puede ser entendida como la debilidad de una representación que ha perdido todos sus lazos sociales. Podríamos mencionar los senderos que podrían transitar nuestras instituciones públicas. En primer lugar, no hay retorno a la representación social. En segundo lugar, esta representación postsocial genera identidades demasiado frágiles para sostener la legitimidad de la democracia de masas.

El camino para reconciliar la política con la sociedad debería consistir en un doble proceso de legitimidad política en el que las instituciones se adecuen para personalizarse y ciudadanizarse. Se debería buscar la participación ciudadana activa. Se debería abrir los espacios horizontales para la identificación de los problemas, la discusión política y la construcción de consensos. También se deberá asumir la necesidad de un cambio de escala hacia una democracia global. Abrir la política a todos debe ser el desafío del siglo que comienza si no queremos que nuestras democracias terminen muriendo.