Mostrando entradas con la etiqueta estado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estado. Mostrar todas las entradas

14.7.10

Ricardo Sidicaro - La crisis del Estado

La crisis del Estado y los actores políticos y socioeconómicos en la Argentina (1989-2001)

Introducción

La propuesta de modelos a imitar se convirtió en un argumento recurrente en aquellos países que buscaban evolucionar en la misma dirección que los más modernos. En el caso argentino, en los últimos doce años los gobiernos llevaron adelante una serie de reformas de carácter neoliberal. Las preguntas que organizan nuestra indagación son: la crisis de las capacidades estatales, las características de los actores políticos y socioeconómicos predominantes durante el período estudiado y las relaciones de poder que llevaron a la adopción y mantenimiento de las políticas neoliberales.

El Estado Intervencionista argentino: los actores de su formación y de su crisis

Sobre la crisis del Estado

Cabe definir la crisis del Estado a partir de distintas dimensiones empíricas que manifiesta la pérdida o debilitamiento de las capacidades políticas, burocráticas y administrativas para realizar normalmente sus funciones. Es usual que junto con el debilitamiento de la integración social, las protestas de los perjudicados aumenten y se incremente la represión estatal y se deteriore la legitimidad del Estado. Los recursos burocráticos, presupuestarios y técnicos del estado imponen límites a los actores a cargo de la dirección política de los gobiernos.

El Estado Intervencionista en la Argentina

Las críticas al Estado fueron muy frecuentes en la opinión pública en las últimas décadas. Los actores socioeconómicos son los diferentes sectores empresarios o intereses económicos cuyas actividades afectaban decisivamente las orientaciones del sistema económico nacional. Lo que pueden parecer debates técnicos sobre las instituciones son la expresión de conflictos de intereses que involucran muchos aspectos. Los diagnósticos sobre la situación estatal están asociados a concepciones sociales, políticas y económicas.

La primera etapa del intervencionismo estatal: 1930-1955

La tendencia a la ampliación de las capacidades del Estado prevaleció durante este período. El fraude electoral de la época conservadora y el liderazgo carismático de Perón fueron los principales factores que menoscabaron la racionalidad estatal y que deterioraron la autoridad y legitimidad de las instituciones. Las gestiones peronistas y conservadoras fueron pioneras en la fijación de organizaciones burocráticas destinadas a perdurar más allá de su gestión. Los dirigentes políticos encontraron en el Estado intervencionista un medio para preservar y ampliar sus propios intereses y asegurarse el apoyo social. La transformación iniciada en 1943 puso a la burocracia militar al frente de las tareas de profundización del intervencionismo estatal. Sus sucesores peronistas mantuvieron los mismos criterios de desenvolvimiento en la esfera estatal.

La crisis del Estado y la profundización del intervencionismo: 1955-1976

La crisis de las capacidades estatales se logró a partir de la acción de la burocracia militar de destituir a todos los gobiernos civiles de esos veinte años. Sobre este fondo de inestabilidad institucional se crearon de manera contradictoria muchas estructuras burocráticas con funciones mal definidas. A diferencia del primer período de intervencionismo, la acción estatal no se basó en proyectos gubernamentales estables. Ninguno de los principales actores socioeconómicos consiguió en las dos décadas imponer de modo estable su proyecto. En los momentos que cada uno de ellos tuvo mayor gravitación sobre las decisiones estatales logró medidas para acrecentar sus beneficios. Estas ventajas circunstanciales se convirtieron en un problema cuyos efectos objetivos se trasladaban a la estructura del Estado. La base fundamental de la vigencia de un Estado, el monopolio de la coerción física, se encontró cuestionada por la existencia de organizaciones parapoliciales patrocinadas por el gobierno.

La dictadura militar y la desarticulación estatal

Los años del “proceso” correspondieron al comienzo del tercer período del intervencionismo y un salto en la crisis del Estado. La dictadura militar condujo al colapso de las instituciones y lo que cabe definir como un no-Estado. La supresión de reglas y procedimientos propios del imperio del derecho. La dictadura se propuso desarticular el intervencionismo económico y restablecer la libertad de mercado. Los intereses propios de los militares constituyeron un obstáculo para concretar el anunciado programa de achicamiento estatal. La desorganización estatal fomentó las actividades especulativas, lo que Weber denomina capitalismo aventurero. Los actores socioeconómicos más beneficiados fueron los grupos económicos concentrados y el capital financiero nacional e internacional. El régimen dictatorial introdujo los acreedores internacionales. Encontraron en el endeudamiento externo una forma de fortalecer sus disponibilidades presupuestarias. La deuda dejó establecida en el plano externo una situación de merma de la soberanía nacional.

El cuarto período y las consecuencias de las capacidades estatales para la democracia (1983-1989)

Durante los años del gobierno de Alfonsín se encararon pocas reformas para mejorar las capacidades estatales. Para reconstruir el Estado de Derecho, el objetivo principal fue la despolitización de la burocracia militar. Los juicios a las juntas constituyeron un hito de enorme trascendencia en la conciencia pública. Los grandes problemas económicos dejados por el “proceso” y la desarticulación de la estructura industrial y las obligaciones de la deuda externa se agravaron por la ausencia de capacidades estatales para desarrollar políticas de fomento de la producción. La realización de algunas privatizaciones de empresas públicas despertó la oposición del peronismo. Con el caos de la hiperinflación los precios de los productos perdieron referencia y los denominados “saqueos” aparecieron como respuesta de quienes no encontraban garantizado el compromiso que tenía el Estado de asegurar el valor de su papel moneda.

El neoliberalismo menemista y la profundización de la crisis estatal

El consenso logrado en la población luego de Alfonsín obvió la discusión de las medidas a adoptar. Las principales corporaciones empresarias festejaron la victoria ideológica. El “milagro” de la conversión de Menem pareció sorprender a los antiguos pregoneros de las virtudes del mercado.

De la identidad peronista tradicional a la gestión neoliberal

Desde su fundación el peronismo se presentó como una fuerza política preocupada por lograr mayor equidad social. El gobierno de Menem llevó adelante una gran ruptura con esta tradición. La apertura del mercado y las privatizaciones hicieron que se perdiera el efecto simbólico de las conquistas logradas durante anteriores gestiones peronistas, generando creciente malestar social y debilitando a los sindicatos.

La década menemista: neoliberalismo y globalización

El gobierno de Menem asumió como propio el programa neoliberal. La apertura importadora de la economía al comercio mundial se encontró con las consecuencias de la crisis estatal. El deficiente funcionamiento del control aduanero impedía el cobro de los impuestos. Durante el curso de la década la trama de los intereses de los actores socioeconómicos predominantes conoció un desplazamiento en beneficio de los inversionistas extranjeros. Las privatizaciones de empresas públicas suprimieron mecanismos estatales para orientar actividades económicas y sociales. Los hechos de corrupción son frecuentes en las privatizaciones de las empresas públicas. Entre las manifestaciones de la crisis de las capacidades estatales, la evasión impositiva era considerada como la más grave del país.

En 1991, Cavallo completó la política neoliberal con la convertibilidad en la relación uno a uno del peso con el dólar. La convertibilidad era un problema político en el que se resumía la renuncia estatal en el plano de la regulación de la moneda, cediendo potestades a otros actores. Las deudas públicas obligaron a destinar sumas de dinero cada vez mayores, independizadas de las necesidades de los ciclos económicos internos. La apertura y la desregulación de la economía crearon un escenario en el que permitieron actuar directamente a inversionistas mundiales, reduciendo los poderes de los grandes propietarios argentinos. Los empresarios internacionales que llegan con el libre mercado global se convierten en participantes precarios o inestables de las relaciones de poder argentinas. También con la apertura económica neoliberal llegan grandes capitales especulativos. Las altas dirigencias políticas, ante esto, consagran y oficializan la existencia de un oscuro parlamento, ajeno a todas las normas constitucionales. La legitimidad de la clase política y de las instituciones democráticas se debilita ante el reconocimiento de la existencia de poderes ajenos al orden legal formal.

Conclusiones provisorias

La etapa de sesenta años de evolución de las instituciones estatales que se clausuró en 1989 no fue homogénea pero cabe destacar la permanencia de las políticas intervencionistas y los vínculos que por medio de las mismas se creaban con la sociedad. A partir de los años sesenta se fue profundizando el deterioro de los sistemas públicos de educación, de salud y de seguridad. La falta de adecuados niveles de inversiones públicas y salarios fue la explicación del declive en esas funciones. Todas las debilidades de las capacidades a las que nos hemos referido eran las de un Estado con desorganización administrativa.

Lo novedoso de la etapa que se abrió con el neoliberalismo radicó en el abandono del proyecto intervencionista, y al suprimirse las anteriores modalidades de regulación y privatizarse las empresas públicas se potenció la crisis estatal. Las orientaciones económicas neoliberales insertaron a la Argentina de un modo pasivo en el proceso mundial de globalización. La desconexión entre gobiernos y partidos amplió la brecha entre ambos y la sociedad. Los efectos negativos del neoliberalismo en el plano de los ingresos y la ocupación deterioraron la legitimidad de la vida política, acentuada por la sospecha de la existencia de corrupción.

La lucha ideológica sobre los denominados “costos de la política” fue impulsada por un grupo de personas e instituciones que alternaban las actividades empresarias con la influencia sobre la opinión pública. Este era un singular Partido de los Negocios. Los titulares y los altos ejecutivos de los grupos económicos encuentran en el Partido de los Negocios un personal político siempre disponible para representarlos. El estado del neoliberalismo provoca efectos excluyentes que se aasemejan a los del mercado. En el horizonte utópico del neoliberalismo, no se encuentra el Estado mínimo sino la desaparición del Estado. La fragmentación de la sociedad y de los sectores perjudicados por el neoliberalismo registra límites desconocidos.

Los organismos mundiales de supervisión y de crédito ocuparon roles de tutores en la nueva economía. La merma de soberanía propia de la época de la globalización se potenció. La explicación debe buscarse en el hecho de que los actores no conforman una unidad o un bloque social, sólo los asemeja su interés por las ganancias y los negocios. La permanencia y profundización de la crisis del Estado es un elemento central que convierte en más inciertos los escenarios de desarrollo de todas las relaciones políticas y sociales.

Burocracia, Democracia, Estado, Introducción Ferronato, Hobsbawm


Estado, sólo una aproximación
La definición de Estado se aborda desde diversas ciencias y corrientes de pensamiento. Las corrientes ideológicas y filosóficas le atribuyen al Estado rasgos que definen sólo una parte de su estructura. Se debería establecer el límite que fija un tipo específico de Estado, ya que se pueden identificar diversos “tipo” de Estado. En este caso nos concentraremos en el Estado moderno y el de tipo capitalista.
El Estado es una institución de carácter histórico. Las características del mismo son fruto del acontecer histórico. El Estado es una institución y un conjunto de instituciones de tipo estatales. Debido a esto, se lo podría ver como un “ente abstracto”.
Una institución estatal es el gobierno. No es en sí mismo el Estado, pero sí su guía y el mayor responsable por llenar de contenido esta estructura. La forma de gobierno y organización estatal están determinadas en la estructura constitucional de cada estado.
El estado tiene un límite, sus límites geográficos, sobre el que ejerce su soberanía. Esto quiere decir que sobre este territorio el Estado es la máxima autoridad. Sobre esta idea se lo considera al pueblo, componente indispensable para la existencia de un Estado Nación, como soberano. La soberanía le otorga al pueblo la capacidad de la autodeterminación.
El Estado Moderno se organiza en torno a la burocracia, que administra los recursos y las cuestiones del Estado. Max Weber le atribuye al Estado la característica de poseer el monopolio de la coacción legítima. Que el Estado sea el único que concentre esta capacidad le da el marco necesario para la generación de obediencia.
El origen del Estado Moderno se puede ubicar en el siglo XIV o XV en Europa, en la forma de Estado Absolutista Monárquico. El tipo de Estado que surge para terminar con el absolutismo, es el Estado Liberal, más cercano al Estado como lo conocemos hoy.
Este liberalismo original tenía una dimensión política, económica y filosófica. Esta visión criticaba a la sociedad absolutista-monárquica, llevando a un proceso revolucionario de carácter político-social: la Revolución Francesa, que coincidió con un procesos de carácter  científico-tecnológico: la revolución industrial. Juntos, estos procesos dieron origen a la sociedad capitalista y al Estado Liberal-Burgués, de tipo capitalista.
Este modelo se agota en la crisis de 1930, y su sucesor es el Estado de Bienestar o Keynesiano. Con la crisis del petróleo en 1973, este modelo deja paso al Estado Neoliberal inspirado por Reagan, y es el modelo en el que se apoya el proceso de Globalización.
Burocracia
La burocracia es una estructura organizativa caracterizada por procedimiento regularizador, división de responsabilidades y especialización del trabajo, jerarquía y relaciones impersonales. La estructura de estas organizaciones es jerárquica y piramidal y su composición interna es intrincada.
La burocracia estatal es la organización de la administración que el estado requiere para sus recursos. Las cuestiones sociales “entran” a la caja de la burocracia y “salen” en forma de gestión o respuesta a un reclamo. Las organizaciones de la burocracia estatal se han caracterizado por su lentitud e ineficiencia. A menudo se usa la palabra de manera peyorativa, pero no es su verdadero significado. El marxismo desarrolló otra definición, usándola para describir la progresiva rigidez del aparato del partido y del Estado.
En la actualidad, la burocracia asume papales en las Corporaciones y grandes empresas debido al desarrollo y especialización del trabajo que han tenido éstas. Max Weber la considera una variante moderna y específica de las soluciones dadas la problema general de la administración, otorgándole cualidades mas positivas.
Críticas
La jerarquía vertical de autoridad puede llegar a ser caótica, causando conflictos de competencias. Estas competencias pueden llevar a que una decisión en sí misma se considere más importante que su efecto. Corrupción y enfrentamientos políticos pueden crear un sistema de contratación. Los funcionarios pueden eludir responsabilidades a través de métodos poco ortodoxos. La toma de decisiones con lentitud y la creación de más y más reglas y procesos que incrementen su complejidad.
Burocracia como forma de gobierno
El dominio burocrático tuvo su origen con la división social del trabajo, en cuanto se establece la primera jerarquía de funciones. No debemos inferir que hay una vinculación mecánica entre el desarrollo capitalista y el aumento del peso de la burocracia, ya que se da en países de tipo socialista como Rusia. En la actualidad vemos que el dominio de la burocracia se ha extendido a todas las formaciones sociales y a todos los sistemas políticos.
Democracia
Las polis griegas se organizaban políticamente en asambleas en las que participaban quienes eran considerados ciudadanos. Este tipo es el de democracia directa, asociado con la inexistencia de representantes. La riqueza de esta forma de gobierno está dada en el debate político.
El desarrollo histórico de este sistema nos lleva al período del feudalismo, donde la democracia se deja de lado para dar supremacía a la monarquía y al sistema teocéntrico. En este período, la democracia se traslada a los primero parlamentos que surgen en algunos países.
Según Shumpeter, para que se denomine democracia, en un sistema político deben existir elecciones regulares, libres y competitivas y los derechos políticos y garantías civiles deben estar asegurados. De esta manera se modifica la relación entre el electorado y los electos, que compiten por la obtención del voto.
La democracia moderna evoluciona a la democracia liberal, cuyas condiciones son mas amplias: una constitución, división de poderes, el derecho a votar o ser votado en las elecciones, libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de asociación y ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes.
Introducción al proceso de globalización:
El capitalismo se ha ido potenciando en un tipo de economía mundializada. La revolución Industrial ha ido evolucionando desde el maquinismo en Inglaterra, pasando por distintas fases, hasta la aparición de la tecnología del silicio. El conocimiento tecno-científico ocupa un lugar de privilegio junto al mercado y es el responsable del acortamiento de las distancias.
Con el agotamiento del sistema capitalista industrial, que transitó por el taylorismo y el fordismo, se visualizan transformaciones en el modelo mismo. El mundo contemporáneo tiene profundas dicotomías. La pobreza y la exclusión, la riqueza y la abundancia crecen en proporciones geométricas. Sobre la base de la eficacia se han descartado valores morales. En el neoliberalismo, la política está nítidamente subordinada a un poder económico-financiero supranacional, no dejando lugar al tratamiento de problemas sociales. La gran perversión del neoliberalismo ha sido su extraordinaria aptitud para producir desigualdades.
Los países centrales se han reservado el derecho de monitorear las economías de los periféricos, y éstas deben acceder a demandas y exigencias muy rigurosas por no perder el crédito o la inversión. La penetración de la cultura mass-mediada está modificando los valores de la sociedad industrial. Todo está cambiando en forma vertiginosa.
Vista panorámica del siglo XX
I- El 28 de junio de 1992, el presidente francés se desplazó súbitamente a Sarajevo, escenario central de una guerra en los Balcanes. Su objetivo demostrar la gravedad de la crisis de Bosnia, pero otro aspecto de la visita del presidente tenía una importancia fundamental: la fecha. Era el aniversario del asesinato en Sarajevo, en 1914, del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría, que desencadenó el estallido de la primera guerra mundial. Esto resaltó las posibles consecuencias de la crisis de Bosnia,pero muy pocos comprendieron la alusión. La memoria histórica ya no estaba viva.
La destrucción del pasado, o de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea con la de las generaciones anteriores, es un fenómeno extraño pero característico del siglo XX. Los jóvenes crecen sin relación orgánica alguna con el pasado, otorgándole a los historiadores mayor trascendencia. Por esto es que los historiadores tienen que ser más que simples cronistas. En 1989, los gobiernos asistieron a un seminario sobre los acuerdos de paz posteriores a las dos guerras mundiales, que al parecer la mayor parte de ellos habían olvidado.
Al intentar explicar el por qué de los acontecimientos que ocurrieron, Hobsbawm le dará una dimensión autobiográfica al texto, ya que, como observadores, las opiniones de los individuos acerca del siglo han sido formadas por los acontecimientos cruciales del mismo. El pasado es indestructible, forma parte del entramado de nuestras vidas y forma a nuestra experiencia vital.
Todos los que superan cierta edad han pasado por las mismas experiencias cruciales y han tenido repercusiones más o menos similares en las vidas de cada uno. Por ejemplo, el hecho de acostumbrarse a concebir la economía industrial moderna en función de opuestos binarios -capitalismo y socialismo-, que solo puede entenderse en un contexto histórico determinado.
Incluso el mundo que ha sobrevivido es un mundo cuyas instituciones y principios básicos cobraron forma por obra de quienes se alinearon en el bando de los vencedores en la segunda guerra mundial. Los elementos del bando perdedor fueron borrados de la historia. Esta es una de las consecuencias negativas de vivir en un siglo de guerras. Los enfrentamientos ideológicos erigen barreras en el camino del historiador cuya labor no es juzgar sino comprender. Lo que dificulta la comprensión no son sólo las convicciones, sino la experiencia histórica que les ha dado forma.
II- Siglo corto (1914-1991), desde el estallido de la primera guerra mundial hasta el hundimiento de la URSS. El siglo XX aparece estructurado como un tríptico. A una época de catástrofes, que se extiende de 1914 hasta el fin de la segunda guerra mundial, siguió un período de extraordinaria¡o crecimiento económico y transformación social, que probablemente transformó la sociedad humana más profundamente que cualquier otro período de duración similar. La última parte del siglo fue una nueva era de incertidumbre y crisis.
Comienza con la primera guerra mundial, que marcó el derrumbe de la civilización occidental, capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura política y burguesa por la imagen de su clase hegemónica. Estaba profundamente por la posición central de Europa. Los grandes imperios coloniales que se habían formado se derrumbaron tras las guerras. Se desencadenó una crisis económica mundial que sacudió hasta a las economías más sólidas. Las instituciones de la democracia liberal desaparecieron entre 1917 y 1942, como consecuencia del avance del fascismo.
Solo la alianza del capitalismo liberal y el comunismo permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre Alemania fue esencialmente obra del ejército rojo. Esta alianza contra el fascismo resulta paradójico por el antagonismo de sus ideales. Una de las ironías del siglo es que el resultado de la revolución de octubre, cuyo objetivo era acabar con el capitalismo, fuera el de haber salvado a su enemigo al proporcionarle incentivo -el temor- para reformarse desde dentro.
El capitalismo liberal, que había logrado sobrevivir al reto de la Depresión, el fascismo y la guerra, tenía que hacerle frente al avance global de la revolución que se agrupaba en torno a la URSS. Fue la Gran Depresión de 1930 la que hizo de el socialismo una alternativa viable. El interrogante es cómo y por qué tras la segunda guerra mundial el capitalismo inició una edad de oro sin precedentes. Es importante recordar que la repercusión más importante de los regímenes inspirados por la revolución de octubre fue la de haber acelerado poderosamente la modernización de países agrarios atrasados.
El hundimiento del socialismo soviético fue el acontecimiento más destacado. La edad de oro había creado una economía mundial universal cada vez más integrada, cuyo funcionamiento trascendía las fronteras estatales. Inicialmente, los problemas de los años setenta se vieron como una pasa temporal en el gran salto adelante de la economía mundial, pero gradualmente se hizo patente que había comenzado un período de dificultades duraderas. Los países socialistas, con unas economías débiles y vulnerables, se hundieron ante una ruptura tan radical. El colapso de los regímenes comunistas dejo en claro la precariedad de los sistemas políticos nacionales que se sustentaban en la estabilidad.
Más evidente era la  crisis de las creencias y principios en los que se había basado la sociedad desde que comienzos del siglo XVIII. La crisis moral no era solo una crisis de los principios, sino de las estructuras históricas de las relaciones humanas que la sociedad moderna había heredado del pasado preindustrial y capitalista. Solo quedaba un camino para definir la identidad de grupo: definir a quienes no formaban parte del mismo.
III- Los años 90 cuentan con el triple de población que 1914. El mundo es más rico de lo que ha sido nunca por lo que respecta a su capacidad de producir bienes y servicios. La gente vive más y es más instruida que en 1914. El mundo está dominado por una tecnología que ha revolucionado los sistemas de transporte y de comunicaciones, acortando tiempos y distancias. Este siglo corto se contrapone al siglo XIX largo, que pareció un período de progreso material, intelectual y moral. Este siglo corto nos ha enseñado que los seres humanos pueden aprender a vivir bajo las condiciones más brutales, haciéndonos retornar a la barbarie. En el siglo XX, las guerras se han librado, cada vez más, contra la economía, la infraestructura de los estados y contra la población civil. La tortura constituye una interrupción del período de evolución jurídica, que comenzó con la abolición de la esclavitud en 1780.
El mundo es distinto en al menos 3 aspectos. La primera es que ya no es eurocéntrico y las grandes potencias de 1914 han desaparecido o han quedado reducidas a una magnitud regional. La segunda es que el mundo se ha convertido en una única unidad operativa, particularmente en cuestiones económicas. Esto se dio gracias a la aceleración de las comunicaciones y el transporte. La tercera transformación es la desintegración de las antiguas pautas por las que se regían las relaciones sociales entre los seres humanos y la ruptura de los vínculos con las relaciones pasadas. Esto lleva a un individualismo asocial absoluto. Una sociedad constituida por individuos egocéntricos que persiguen sus propios intereses estuvo siempre implícita en la teoría de la economía capitalista
En este siglo ha sido posible vislumbrar un mundo en el que el pasado ha perdido su función Un mundo en el que no sólo no sabemos adónde nos dirigimos, sino tampoco adónde deberíamos dirigirnos. Debemos reflexionar acerca de los problemas que deja pendientes el período que acaba de concluir.